martes, 26 de julio de 2011

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Jamás había encontrado a nadie tan especial. Nadie que pudiera entenderla de esa manera. Sólo bastaba con mirarla para que él supiera lo que le pasaba. Había una química especial entre los dos. Ella podía pasarse horas y horas mirándole sin cansarse. Tenía algo especial, algo que le hacía totalmente distinto de los demás. Y ella había tenido la inmensa suerte de conocerle aquel día de junio. Su sonrisa podía pintar de mil y un colores cualquiera de sus días grises y sólo una palabra suya era necesaria para consolarla. Ella buscaba cualquier escusa para verle. Se pasaban horas y horas hablando por teléfono, de cualquier chorrada, sin importar la hora ni el lugar, sólo para escuchar la voz del otro. Cuando quedaban ella no paraba de sonreír y él no paraba de decirle que la amaba. Hacían mil y una locuras por verse, mentían, se escapaban.. no les importaba nada porque sabían que la recompensa era infinita. Eran felices el uno junto al otro, se amaban, se creían los reyes del mundo y juraban que su amor era eterno. Puede parecer un cuento de hadas pero no lo es. Es una historia real. Es nuestra historia. La suya y la mía. Esa historia que aunque parezca irreal es cierta, y que a pesar de que no le agrade a mucha gente, no tendrá final.

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