miércoles, 11 de enero de 2012

debería de sonarte..

Y echa de menos a su chico. Recuerda sus manos, su pelo. Le encanta acariciarle el pelo cuando están tumbados juntos. Introducir la mano en su cabello y desaparecer en el, alborotándolo. Él suele entonces protestar, gimiendo como un niño pequeño. Y ella le hace rabiar. Pero siempre terminan arreglándolo con un beso. Sus labios. Su boca. ¡Cuánto le apetece un beso!

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